Izquierda de hoy: @MashiRafael, Presidente ecuatoriano propone consulta popular decida sobre matrimonio igualitario

Por Isabel M. Estrada Portales

“Yo quiero leer las ponderosas palabras de la Biblia. Yo necesito la irreal fuerza de su poesía. Yo necesito eso contra la dilapidación del lenguaje y la dictadura de slogans…Pero hay también otro mundo en el que no quiero vivir: el mundo donde el cuerpo y el pensamiento independiente son denigrados y las mejores cosas que podemos experimentar son denunciadas como pecados”. Tren nocturno a Lisboa, Pascal Mercier

“No hay herejía ni filosofía que sea más abominable para la iglesia como un ser humano”. James Joyce

Y en otras noticias, el General Robert E. Lee del ejército confederado del sur de Estados Unidos propone al Presidente Lincoln que para detener la sangría de la Guerra de Secesión, mejor se hace una consulta popular con una preguntita simple: ¿Cree usted que los negros son iguales a los blancos?
Porque de eso se trata. O somos iguales o no lo somos. No podemos tener casi todos los derechos menos aquellos que otros decidan que no tengamos.
Rafael Correa, el Presidente de Ecuador, es un verdadero discípulo de la Iglesia Católica. Ellos están con los pobres a la Robin Hood excepto cuando los pobres – sean indígenas, sean invasores de tierra – empiezan a hacer preguntas. Ellos incluso ayudan a los pobres y hasta crean cambios visibles – entre el alcantarillado y el puente, siempre el puente – que pueden impulsar una elección o llenar los bancos de la iglesia. Y en eso, Rafael Correa y la iglesia católica son medio izquierdistas.
En todo lo demás también se parecen bastante. Creen en sus propios preceptos y están convencidos de que deben imponerlos al resto. Y no creen en la inmensa diversidad de la experiencia humana; ni en la Creación de su propio dios quien, pese a su infinita sabiduría y compasión, aparentemente creó a los homosexuales para que fueran víctimas perennes de escarnio y sufrimiento, repugnancia de sí mismos y desprecio social.
Correa es el sueño realizado de las recintos más reaccionarios de la iglesia latinoamericana: alguien que, aparentemente desde la izquierda, está dispuesto a defender con la pluma del veto cada prejuicio y creencia absurda de la iglesia. Entonces, la misma iglesia que odiaba a Fidel Castro y amaba a Videla y Franco puede ahora proclamar su amor por el presidente “izquierdista radical”. Como dijo Adriana Amado, las revolucionesestán viniendo cada vez más conservadoras.
Una encuesta popular sobre los derechos de los homosexuales equivale a una encuesta sobre los derechos de indígenas o de negros. ¿Por qué no hacemos una elección en Arabia Saudita para determinar si las mujeres deben tener derecho al voto ahora? Pero hagámosla ahora, no en el 2015 cuando estas mujeres presumidas y finalmente con el derecho a votar pueden cambiar el resultado. Todavía tendríamos esclavitud si hubiéramos hecho una elección sobre eso.
Rafael Correa dijo, con la sorna y el convencimiento de conocer bien la profundidad del prejuicio: “No hay problema: con las próximas elecciones seccionales hacemos una consulta popular, ok? Veremos si son mis dogmas y prejuicios”.
Él sabe que sus prejuicios y dogmas van de la mano de los de la mayoría del pueblo ecuatoriano, en su disposición de aplastar los derechos de una minoría. Pero él también sabe que eso está mal. La opinión pública se mueve lentamente en cuestiones de valores y moral. Los verdaderos líderes – Lincoln viene al caso, pese a él mismo no estar muy convencido de si los blancos  y los negros eran iguales – tratan de guiar hacia la equidad en vez de explotar los prejuicios del pueblo para mantener la desigualdad y la iniquidad. ¿O acaso Correa y Alianza País no hicieron campaña a camisa quitada para promover sus posiciones y obtener los resultados que querían en la última consulta popular?
Cuando Correa dice que admira la lucha de la comunidad LGBT, ¿qué es lo que él admira? ¿Su lucha por alcanzar derechos que él no tiene intención de “concederles” y ni siquiera cree que los tengan? Nadie concede derechos humanos. Esos son innatos. Un presidente sólo puede impedir y aplastar los derechos humanos.
Sólo le faltó decir “yo no tengo nada contra los gays. Mis mejores amigos son gays”.
Al margen de sus creencias doctrinarias, decirle a un homosexual que él tiene el derecho a casarse con una mujer fue simplemente vergonzoso y doloroso. Además de innecesario para expresar la idea, de modo que despertó justamente la ira del Twitterverso. Imaginen si le hubiera dicho, antes de 1929,  a una mujer ecuatoriana que demandaba sus derechos: “sí, usted tiene el derecho constitucional a hacer lo que su marido le mande”. Hubiera sido comiquísimo, seguramente.
Por si no estuviera todo claro, puntualizó que reemplazar género por sexo en el documento de identidad “no lo voy a aceptar nunca”. Es decir, si de milagro, la Asamblea Nacional se sale del libreto y aprueba el cambio, Rafael Correa lo vetaría. ¿Acaso los miembros de la Asamblea no son los representantes directos del pueblo? Eso sería una consulta popular más o menos ¿no?
Tradicionalmente, según la derecha recalcitrante, quienes nos oponemos a la guerra somos ingenuos y los del Sierra Club son ambientalistas pueriles.  Correa usa la misma táctica: si uno está en desacuerdo con su forma de pensar, no sólo está difiriendo; sino que es infantil, estúpido, no “una persona inteligente”.  Básicamente, hay sólo una forma de ser maduro y correctamente revolucionario y progresista: pensar como Correa… en todo.
Su posición dividida es realmente admirable. Él cree en justicia económica, yo también, y en una visión moral y de valores absoluta y única, yo tampoco (como dijo Dali de Picasso: él es pintor, yo también; él es comunista, yo tampoco).
No estoy siendo sarcástica. Respeto el hecho de que las personas sean complejas y tengan opiniones variadas, múltiples, incluso contradictorias… Si Rafael Correa pudiera concederle a otros esa misma consideración y se diera cuenta de que, sí, revolucionarios y progresistas venimos en más de cincuenta matices de gris – ¿o esa referencia es demasiado sexual?
Sí, existe un movimiento pacifista, progresista, de izquierda, feminista, a favor de LGBT, antirracista, ambientalista radical que también es anticlerical – gente como yo – o simplemente contrario a la intrusión de las iglesia/mezquita/sinagoga/templo de cualquier tipo en sus vidas y en las políticas públicas de una sociedad laica y secular. También existe una miríada de combinaciones de esas categorías – y la lista no es exhaustiva – y todas merecen respeto.
Correa se burló de la izquierda – o del “buen” revolucionario – porque supuestamente su plataforma es: “aborto, matrimonio gay, anticlerical, ecologista infantil” e indigenista infantil. Él dice hablar desde la izquierda, yo también. El que estemos en desacuerdo en algunas cosas no nos excluye a ninguno de los dos de ser de izquierda en asuntos sociales. Por su propia admisión, Señor Presidente – inocente alusión a Asturias – en muchas de las causas que la izquierda ha defendido históricamente para ampliar las garantías de derechos y libertades a minorías y mayorías, Correa está firmemente con la derecha más recalcitrante. La idea de que él pueda definir quién no es un “buen” revolucionario es más bien escandalosa.

Con la izquierda que nos gastamos, ya no nos hace falta la derecha.
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